Cositas del verano
Y mientras me seco el sudor que nace de estar a 34º en una habitación que da directa al sol, reflexiono, y me doy cuenta de que ser pobre en verano también tiene sus puntos buenos. Uno es que tengo sauna gratis, el otro es que puedo ir y venir en ropa interior con lo que ahorro en ropa. Y no me preocupa que me vean desde fuera porque, total, casi toda la gente de bien se ha ido de vacaciones a la otra punta del país con lo que estamos solos en el edificio. Y salvo mi vecino, que de vez en cuando vuelve de su casa de la playa para dejar maletas y volver con ropa limpia, y la loca del quinto, que le gusta quedarse para jugar con la puerta de asensor y atrancarla en el sótano para que nadie pueda usarlo, estamos solitos y arrejuntados en un edificio para 10 familias. Así que como prácticamente no molestamos a nadie, podemos poner el volumen de la tele hasta que nos sangren los oídos. A la del quinto también.
Ya que afortunadamente tomar el sol es gratis, tengo un morenito bacán producto de salir de paseo con las perras todos los días. Se le llama bronceado de obrero, porque sólo me quemo los brazos y del cuello para arriba. Las piernas las tengo coloraditas pero como tampoco me depilo ya ni se nota. Y para qué depilarme, si a parte de daniel nadie más puede verme porque esto progresivamente se convirtió en un pueblo fantasma. Y como dani me quiere, ya me da lo mismo depilarme que sé que me adora por lo que soy por dentro con todo y pelo.
En agosto esto se pondrá mejor, porque los pocos locos que quedan tomarán sus cosas y se largarán a cualquier sitio con más gracia que este. Sólo quedaremos los de siempre: la loca del quinto, nosotros, y todos los que no tienen un céntimo ni siquiera para volverse al pueblo.
Lo único bonito es que gracias a esta soledad me estoy reencontrando a mi misma conmigo misma, y me estoy viendo que con tanto sudor he perdido peso y ya no tengo acné. Qué bien.

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